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28 agosto, 2010


Aparecer(teme)


Me vale el peso en tu ausencia, lamiendo al tiempo perdido, cayendo como un pendiente (pendiente de todo). Descansa en palma, sudor y ambiente. Sí; gusto de emprender viaje, canto para andar presto, porque tú y la sonrisa ninfa. En blanca imagen de hambres te enciende la noche, llama ardiendo que brama a la calma. Y desprendo gemido, dibujos y brazos prietos, los hijos del muro vientre; lleguen, griten nombres que has tenido por cada vez que he besado. Un beso era tierra abierta; otro aljibe de boca, seca lengua que explora, tiempo vacuo y luz salival. La caricia como el tiempo en la vida, y ya nada sin ese capricho, el de andar pregonando el idioma del cuerpo; esa forma de hablar sin palabra, pero amándola en todo momento. La palabra: tu forma cielo, tu carne horizonte, recuerdo donde hoy mismo, para vengar tu ausencia.
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17 mayo, 2010


Cuer(p)os


Desconfío de lo mío; será que hay algo extraño en mi silencio, porque duerme tristemente sobre el tuyo. Renueva al buscar, sosiega caprichos y distiende en gemidos sinuosos, como la única razón de la vergüenza niña, vil animal que percibe lo que no es suyo. Luego despierto en un bostezo de gris afrenta, ante la imagen que perdí en el instante reflejo; me vuelco en lapsos para fijar la ambigüedad de una curva. No porque tema olvidar; es que esos momentos de carne y líquidos vuelven hacia abajo, con las ganas. Tienen voluntad y ganan terreno; llevan. El deseo busca refugio; porque si eres mi guía en busca de lo silente, fracaso al seguirte; porque si soy tu vigía te llevo al tártaro, juego la silenciosa carta del barro, un as de manga corta. Soy todo un soberbio tramposo.

Cuerpos; ¿qué os oculta, hijos del pecado? ¿Qué es el ansia en la vil injuria de la soledad? La piel del otro, un sabio cuero que cubre y enseña. Allí asedian caricias como látigos y uñas; las fuerzas de conquista desgarran en sumisión. Muy pronto se forjan caminos de lo intransitable y despega la fiebre, como el calor del verano en el asfalto. Y ante la desidia en esta rutina de actuar vestigios, habla el idioma del tacto, la lengua y los sexos.

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13 abril, 2010


Mirar


Te busco, mira te encuentro. Llego hecho armazón, aquello que desprecias; un gesto complaciente, un vengo a ser lo tuyo. Me encuentro, observa me busco. Levita voz, en grito pequeño, baja y tiempo anhelado; labios del momento y saliva fuera, sueño placentero, pero eso: sueño. Ven conmigo, recorre esto que llevo a la intemperie; descubre mañana un día cualquiera y seguirá rígido, como una imagen, de a momentos antigua. Métete dentro luego. Abre. Mira. Eso soy, otra cosa; tócame siente, ven a construirme otra vez, siembra y déjame verte, hacer lo mismo contigo. Recorrernos.
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12 abril, 2010


Retoño


Por la ventana se desliza el témpano de una brisa, astuto y lugareño. Lo miras distante, anhelando que pronto haga albores en el calor de tu vientre. Estás seca de cuerpos, hambrienta y serena; ruges por la espalda y desatas un abrazo que se hunde hasta el rincón más austral, entre sábanas mojadas por el llanto de la piel, y surcos de erosión donde has pasado el tiempo. Sabes que la noche te ha dejado ausente, y a tu lado una silueta muta la forma, como algo que conoces y quisieras olvidar. Llevas la mano al pecho, lo descubres hasta impostar una caricia fría que te provoca. Pero es como retener el agua entre los dedos, algo antiguo e inevitable que vuelve a suceder por las madrugadas. Es la falta, son las ganas; el ansia de amanecer sobre el horizonte de un torso desnudo, que invente un despertar de consuelo y esperas. Es el tiempo en tus entrañas, serpenteando los anhelos de un quiebre en la virtud del cuerpo y su forma. Tus reglas se dispersan, más allá de ideas y convicciones, mucho más allá que una cita furtiva para colgar ilusión de meses y naturaleza. El amor ya no cuenta en la suma, sólo el resultado de lo inmediato. Hoy la prisa te ha vaciado las palabras y un presagio se dispara en tus actos, persiguiendo el hambre de una caricia fértil, que llene hasta rebalsar en vida. Y todo se apronta en silencio, duda y desenlace. Vigía, pronto estás de nuevo en el cuarto y el lecho. Por la ventana se desliza el témpano de una brisa, y en ese albor sientes que tu vientre se seca.
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