30 julio, 2010


Cuadrante Inferior Izquierdo


Le fue inútil intentar recordarla. Ya sea porque algunas veces el detalle de su hombro reflotara un momento, allí en el límite de la foto, con amigos y torta de cumpleaños; ya sea porque a las tres de la tarde sonara una débil melodía de plaza, como cuando niños; ya sea al oír algún llanto travieso, colgado en la vidriera de una tienda. Sabía que pronto le quedaría el olvido, único recuerdo de que algo se había perdido para siempre. Pero estaba su hombro, de saco beige y botones nácar, rayando al tiempo que se mostraba a punto de volver. Quizá en ese pequeño anhelo la vida escapara en un santiamén, abriendo un nuevo camino; quizá una tarde de veredas y sol le cruzaría una mirada. Pero fue inútil intentar recordarla, una y otra vez lo fue.

Dejarla ir, como esas cosas nulas para dejar ir, retazo antiguo que podría haber sido, o todo lo contrario. Su hombro en la fotografía, siempre allí, siempre la duda certera.
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24 julio, 2010


Espejitos De Colores 3


¡Ay! Siempre son contados aquellos cuyo corazón conserva largo tiempo sus ánimos y su impetuosidad; en este pequeño grupo el espíritu permanece perseverante. Todo el resto es cobardía. El resto es siempre la mayoría, los vulgares y los superfluos; los que están de más... ¡Todos ellos son cobardes! Quien sea de mi especie topará en su camino con aventuras semejantes a las mías: de suerte que sus primeros compañeros deberán ser cadáveres y acróbatas. Los segundos compañeros, sin embargo, se llamarán los creyentes: una animada multitud, mucho amor, mucha locura; mucha veneración infantil. Quien pertenezca a mi especie entre las personas deberá ligar su corazón a estos creyentes. ¡Quien conozca la especie humana, feble y huidiza, no deberá creer en estas primaveras ni en estas policromas praderas! Si estos creyentes pudiesen de otra manera, querrían de otra manera también. Lo que no es más que a medias, destruye a todo lo que es completo.


Friedrich Nietzsche, Así Habló Zaratustra.
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06 julio, 2010


Instructivo N° 3


Los absurdos de la vida (usted ya sabe a lo que me refiero cuando digo la vida; pero usted esusted, y sabrá mucho más que yo sobre sus absurdos: dónde vienen, adónde ponerlos, dónde irse y adónde ponerse); decía, los absurdos se incrementan día tras día como los soldados en Medio Oriente; se han vuelto una gran pasta uniforme. Si quiere pensar en un chicle recién masticado presto a embadurnarle toda la existencia, hágalo; verá que es buen ejercicio para ganarse una patología fructífera. Engominar el organismo con soluciones en cápsulas no es lo suyo, y busca imperiosamente una salida ante el caos de la vida y sus absurdos. Usted elige fumar.

Fumar es igual que inmolarse a crédito, pero con otras cosas más pintorescas en el pensamiento. Una manera más sutil de olvidar hasta la misma muerte de uno; fume usted y quizás venga la Parca, pero se llevará consigo a la tumba el glorioso recuerdo de haberle empapado el humo en la cara antes de la guadaña.

Para fumar no hay lugar ni horario, sino situaciones propicias: un hechizo de amor golpeando en el subconsciente mientras se destripa el sentimentario, las personas-presionan que se cuelgan como alfileres de gancho en toda la piel, el impuesto del mes pasado en el buzón equivocado, los sesenta segundos que hay en un minuto, los sesenta minutos que hay en una hora... (estos ejemplos no dejan de ser azarosos; piense usted en el abanico de sus absurdos y aletéelo por un momento; llénese del vasto río, impregne sus piernas en el fango, respire el fulgor de la cloaca hasta reinar en la náusea y exploten los pulmones).

Llega el instante de la vena en la sien pidiendo auxilio.

Busque un cigarrillo. Piense lo siguiente: hasta donde usted sabe, no ha visto un cartel que prohiba fumar. Eso exonerará la culpa ante algún escrúpulo impertinente. Pero si es usted de los que gustan la adrenalina, mire antes a todos los flancos hasta encontrar la advertencia, sonría como niño, y préstese a fumar de la siguiente manera: extienda la mano que más tenga a mano, abra la palma, y muy lentamente haga una caricia; no piense dónde, sino en la simple y absurda (así le parecerá) acción de la materia ocupando su espacio en el universo. Sienta cómo el aire cede ante el movimiento, de qué manera debe expandirse ante el paso de su carne. Si cierra la mano, tendrá un leve pedacito de magia consigo. Ahora bien, le quedan dos cosas por hacer: se lo guarda en el bolsillo y corre a casa para invertirla en correrías, risas y barriles de felicidad, o deja esa misma magia allí, para realizar un verdadero truco por el que pagará hasta la CNN por ver. Tome un cigarrillo por la punta, e introduzca levemente en su boca el extremo naranja (nota: es imperiosamente necesario fumar cigarrillos con filtro; ya dice la ley que el fumar es perjudicial para la salud, y pre-judicial ante los efectos de un cáncer; por favor, cuídese el juicio, no tanto como el prejuicio). Luego de cavilar ante la moralina, busque fuego por sus propios medios; aunque un encendedor o caja de fósforos vendrían de perillas. Si no lleva consigo, recorra las calles lindantes, encuentre un vagabundo y pídale amablemente lumbre (sea cortés; regálele el paquete. Ni se le ocurra sacar la moneda que duerme en su bolsillo trasero).

Para encender un cigarrillo es necesario asustarse. Con el mismo ya en la boca y el fuego al acecho, piense en el viejo de la bolsa (si sigue con el vagabundo aproveche la oportunidad de mirarlo fijamente al fondo de los ojos). Sentirá cómo el pánico toma su mando, y de repente llega el sobresalto como un golpe de cañón al pecho; de forma leve y precisa, mientras sus pelos se erizan aspirará una bocanada de esa misma magia que tuvo antes en su mano. Es necesario actuar inmediatamente ya que el instante durará una milésima de segundo y usted no querrá otro susto, claro; cuando aspire, lleve el fuego a la punta del cigarrillo, piense en un foso vacío, usted en caída libre y zás, ha encendido por primera vez un cigarrillo.

Ahora inspire el humo que nace de la brasa. ¿Puede escuchar un leve quejido? Es el tabaco clamando a la madre tierra; usted es ahora dueño de un pequeño incendio forestal privado.

Procure no olvidar lo siguiente: una vez inspirado el humo, nunca intente olvidarse del asunto e irse a jugar un numerito a la quiniela, porque al humo no le interesan los cursos de anatomía. Una vez adentro, hay que sacarlo. Muchas personas optan por formas más atípicas y peculiares, como llamar a un exorcista o conseguir inmediatamente una orden de desalojo; en esta ocasión buscaremos una solución simple y certera. Tome una extensión de alambre, forme en un extremo un pequeño círculo, busque un vaso con agua y jabón, inserte el alambre en el mismo, y luego sople sobre la espuma que se extenderá en el círculo. O sea; haga pompas de jabón y acabemos de explicar, que para fumar estamos.

Mire.

La magia, ¿verdad? Nada es más bello que crear desde las entrañas; todo tiende a impartir nuevas reglas y sabores; todo es dicha en el reino del Señor. Optará luego por decorar el mundo con su imaginación; cartas documento, declaraciones juradas, ramilletes de flores, y a medida que su capacidad pulmonar vaya decreciendo, locomotoras, dinosaurios, corazones y simples argollitas con su último aliento. Ha completado el truco y la vida es mucho más placentera mientras usted fuma.
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